El Nadador
Texto: Mélanie Werder Avilés · Dirección: Sergio Iglesias
Un viaje tan cómico como inquietante sobre la España del ladrillo, el sueño neoliberal y la ficción en la que decidimos vivir.
Lo que empieza como una ocurrencia absurda —atravesar la ciudad de piscina en piscina— se convierte en una odisea contemporánea que desciende desde el brillo aspiracional del norte hasta las grietas del sur. En un monólogo vertiginoso, el protagonista reconstruye su gesta con la precisión de quien necesita convencernos… o convencerse a sí mismo.
A través de piscinas privadas, urbanizaciones, hospitales, espacios públicos y recuerdos, el relato se va descomponiendo: lo que parecía una hazaña deportiva deviene en un mapa político y emocional de la ciudad. Madrid ya no es solo un territorio, sino un sistema de valores: propiedad, éxito, imagen, deseo.
Entre la épica y la sátira, entre la euforia y el delirio, el nadador avanza impulsado por una idea obsesiva: que todo es posible si se sabe jugar al juego. Pero ¿qué ocurre cuando el recorrido revela que las reglas están trucadas?
Sobre la obraInspirada libremente en El nadador de John Cheever, esta pieza traslada aquella travesía suburbana al Madrid contemporáneo para convertirla en una fábula política sobre la identidad, el éxito y la construcción del relato.
El protagonista —un joven político brillante, carismático y profundamente performativo— narra su hazaña mientras proyecta documentos, imágenes y pruebas que, lejos de aclarar la historia, la vuelven cada vez más inestable. A medida que avanza el recorrido, también lo hace la sospecha: ¿qué parte de todo esto es real y qué parte es propaganda?
La obra despliega un juego escénico entre el narrador y su alter ego —un nadador ideal, apolíneo— que encarna la versión perfecta de sí mismo. Entre ambos se construye una sátira feroz sobre la masculinidad aspiracional, la autoimagen y la necesidad de éxito en una sociedad convertida en competición permanente.
Pero el verdadero territorio que se atraviesa no es Madrid, sino el imaginario colectivo de un país: la promesa de prosperidad ligada a la propiedad, el auge y caída de la cultura del ladrillo, la mercantilización de la vivienda, la gentrificación y la precariedad estructural. La piscina —símbolo de estatus, deseo y pertenencia— se convierte aquí en unidad de medida ideológica.
Con humor ácido, referencias a la historia política reciente y una progresiva deriva hacia lo inquietante, la obra desmonta el relato neoliberal desde dentro: mostrando cómo se fabrica, cómo se sostiene y qué violencia oculta.
Porque, al final, la pregunta no es si el protagonista logrará llegar a casa. La pregunta es: ¿qué casa? ¿la de quién? ¿y a qué precio?





